El osteosarcoma es el tumor de células mesenquimatosas del hueso más común en el perro.  Es uno de los cánceres más agresivos y fulminantes que existen, y metastatizan con muchísima facilidad. En este artículo os contamos los factores predisponentes en perros para padecer este tipo de cáncer, cómo se diagnostica y cómo se trata. Sigue leyendo para saber más…

¿Qué es?

El osteosarcoma es un tumor que se origina en las células nobles del hueso. Es el cáncer de hueso más común en el perro, y además es considerado de alto grado. 

¿Tiene riesgo mi perro/gato?

  1. La primordial y más importante es el peso del animal, ya que se ha demostrado que el 80% de los osteosarcomas son diagnosticados en razas de gran tamaño (más de 30 kg) y la gran mayoría de ellos se sitúan en los huesos largos de las extremidades. 
  2. La edad: si bien es cierto que se han descrito casos de osteosarcomas desde los 6 meses hasta los 15 años de vida, se sabe que hay un aumento significativo de los casos a partir de los 7 años de edad.
  3. La obesidad es un factor de riesgo determinante que aumenta las posibilidades de padecerlo.
  4. Haber sufrido una fractura ósea en los huesos de las extremidades: cuantos más traumatismos haya habido, más probabilidades tenemos de que se desarrolle.

Síntomas habituales

Debemos pensar que este tumor es una masa desorganizada de células óseas que poco a poco van creciendo dentro del tejido óseo, volviéndose cada vez más invasivo y destruyendo la matriz ósea. Es decir: duele muchísimo. 

A menudo nos encontramos con perros que presentan un alto grado de dolor al explorar sus extremidades, y solemos observar la masa por palpación desde fuera si es muy evidente. Aunque hay perros y casi todos los gatos, que no expresan dolor y que guardan la misma actitud de siempre pero simplemente “van cojos”. 

Las razas que son típicamente “estoicas” o que soportan muy bien el dolor como los tipo pitbull, staffy o bull terrier junto con los Retriever, tardan más en mostrar el dolor bajo nuestra experiencia clínica personal. 

Pruebas de confirmación

  • Para verificar la existencia de un osteosarcoma primero debemos realizar una radiografía para evidenciar la presencia de esa masa ósea. Generalmente vemos una imagen “apolillada” dentro del hueso de la extremidad afectada.
  • Para diferenciarla de otras posibles causas de cojera que sean compatibles con esa imagen radiográfica como la osteomielitis, otros tumores como es osteoma, el osteocondroma o tumores de la médula ósea, debemos realizar una biopsia de la masa sospechosa. Esta prueba debe hacerse, por supuesto, bajo sedación. 

¿El tratamiento es útil?

El tratamiento puede ser tanto terapéutico como paliativo.

Tratamiento terapéutico:

  • Incluye por una parte la amputación radical de la extremidad afectada y por otra parte la aplicación de quimioterapia. Y no tiene sentido realizar una sin la otra.

Esto se entiende así porque mediante la amputación radical del miembro afectado eliminamos el tumor primario y el dolor que causa su expansión por el tejido óseo. Pero, al ser un tumor de alto grado, sin la realización de quimioterapia y solo con amputación, la esperanza de vida del animal es de 3-4 meses. 

En quimioterapia se habla de que el tratamiento más completo y eficaz incluye cisplatino y doxorrubicina intravenosa cada 3 semanas espaciados un día. Deben de realizarse mínimo 6 ciclos en total. La media de supervivencia con este tratamiento es de 540 días. También puede emplearse doxorrubicina sola, pero es un tratamiento algo menos eficaz que el anterior. 

Tratamiento paliativo:

  • Consiste en aplicar medicación antiinflamatoria y analgésica combinada para evitar dolor al animal mientras la enfermedad progresa. 

La media de supervivencia en este caso es inferior a 2 meses. Principalmente empleamos meloxicam o corticoides combinados con algún opioide más o menos potente dependiendo del grado de dolor del paciente. 

Desde ARA Veterinaris queremos recordar que en oncología veterinaria, y más concretamente en quimioterapia veterinaria, se debe primar siempre la calidad de vida del animal frente a la cantidad de tiempo que le quede, y que siempre debe buscarse ante todo, el bienestar, tanto del paciente como del responsable del animal. Por ello, las dosis administradas suelen ser bien toleradas por el paciente, si bien es cierto que pueden dar toxicidad y efectos secundarios, la probabilidad de que esto ocurra es mucho más baja que en oncología humana, donde los tratamientos son mucho más agresivos.