El virus del Nilo Occidental es una enfermedad transmisible entre animales y humanos (una zoonosis) que, si bien es cierto que en la gran mayoría de casos, cursa de forma asintomática en personas (en el 80% de las ocasiones) puede llegar a ser mortal, causando una infección grave en el sistema nervioso de las personas.

Hospedadores, transmisión y ciclo del virus

  • El animal reservorio de este virus son las aves (principalmente migratorias), las cuales en la mayoría de las ocasiones, no presentan síntomas de la enfermedad. 
  • Los humanos y los équidos (caballos y burros) somos hospedadores finales de la enfermedad, esto quiere decir que podemos contraerla pero no transmitirla. 
  • Es transmitido por la picadura de mosquitos del género Culex, no siendo posible la transmisión por contacto directo entre aves, humanos o équidos entre ellos o aves infectadas en contacto con humanos. 
  • Las migraciones de las aves y el cambio climático son los principales factores que han favorecido su expansión a lo largo y ancho de todo el mundo.

Un poco de historia

Aunque inicialmente se delimitaba a la zona del Nilo Occidental, a día de hoy se encuentra en toda Europa y Euroaisa y en el continente americano desde Canadá hasta Argentina, y su incidencia no para de crecer. De hecho, se considera una enfermedad emergente y vigilada de cerca por la OIE y la OMS. 

Se aisló por primera vez en los años 30 en Uganda donde generó un grave cuadro neurológico en la primera paciente donde se encontró. No recibió demasiada atención por parte de las organizaciones internacionales hasta agosto de 1999, cuando generó un alarmante brote en el Estado de Nueva York. Se descubrió que el origen de dicho brote había surgido por la introducción única de aves originarias de Israel.

Este brote afectó gravemente a aves, humanos y caballos ya que era una variante del virus mucho más letal que las anteriores, afectando gravemente a los cuervos. 

Este brote fue tan letal que muchos neoyorquinos literalmente vieron “llover cuervos muertos” aquel verano, como si de una novela de E. Alan Poe se tratara. 

Desde ese primer reporte en Estados Unidos, las cifras e incidencias no han hecho más que aumentar año tras año en cada país donde se haya declarado esta enfermedad.

¿Y en España?

Según los últimos datos del MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) el cual se encarga de realizar reportes anuales de esta y muchas otras zoonosis, entre los años 2010 y 2020 se han detectado múltiples brotes en aves y caballos en Andalucía, Castilla La Mancha, Extremadura, Comunidad Valenciana, Castilla y León y Cataluña. 

En 2017, se aisló además en Lérida un azor común que presentaba el linaje 2 del virus (el mismo que generó el famoso brote de Nueva York). En 2020 se volvió a aislar este mismo linaje en aves silvestres de Lérida y Tarragona. Ese mismo año se detectaron focos equinos y casos graves en Andalucía Extremadura, Castilla- La Mancha, Comunidad Valenciana y Cataluña. 

La mayoría de los estudios de esta enfermedad que realiza el MAPA en España se desarrollan en Doñana (debido a que es un gran nicho de aves migratorias) donde la seroprevalencia de este virus (Seroprevalencia: porcentaje de una población en estudio que da positivo a un test serológico) es del 10,4%, aunque hay especies concretas como la Focha común que llegan a un 40%.

¿Qué sintomatología genera en humanos?

En el 80% de los casos la enfermedad se desarrolla de forma asintomática. Pero en el 20% restante puede ocasionar:

  • Fiebre
  • Fatiga
  • Malestar
  • Cefalea
  • Dolor muscular
  • Debilidad
  • Encefalitis
  • Parálisis
  • Cuadros neurológicos graves como desorientación, ataxia o coma.

Hasta en un 14% de los casos que desarrollan cuadro neurológico, acaban en muerte.

¿Existe algún tratamiento actualmente?

Por ahora existe una vacuna para equinos que ha demostrado su eficacia, pero en personas únicamente puede suministrarse tratamiento de soporte (suero intra venoso, hospitalización y cuidados intensivos) hasta que el propio cuerpo detenga la infección por sí solo. Este es uno de los principales problemas que tenemos con los virus: a penas tenemos fármacos que puedan acabar con ellos cuando hay una infección activa, y lo único que verdaderamente podemos hacer contra ellos es prevenir y vacunar.

¿A qué se debe esta reemergencia del virus?

Muchos ecólogos y virólogos afirman que el calentamiento global es un claro factor ambiental que favorece la conquista de este virus allá a donde va, ya que cada vez se alargan más los veranos y esto hace posible que los mosquitos puedan alargar sus estancias en los países del norte. Además, muchos expertos en la materia creen firmemente que la disminución de la biodiversidad, que muchas veces ejerce un “efecto dilución” en la transmisión de muchos virus, es también otro factor que favorece la diseminación de esta y otras enfermedades zoonóticas.