IBD viene del inglés “Inflamatory Bowel Disease”. Traducido al castellano: “Enfermedad inflamatoria intestinal”. Esta enfermedad guarda bastantes paralelismos con la enfermedad de Crohn en humana.

A grandes rasgos es un proceso inflamatorio crónico del intestino. 

Los tipos de IBD se clasifican dependiendo de qué células inflamatorias infiltren el intestino delgado para generar esta patología, pudiendo ser:

  1. Linfoplasmocitaria
  2. Eosinofílica
  3. Granulomatosa
  4. Histiocítica

Generalmente vemos un paciente tipo:

  • Con diarrea crónica (más de dos semanas de duración) acuosa o pastosa. 
  • Con presencia de vómitos biliosos, sobre todo en ayunas, porque la IBD suele provocar secundariamente gastritis antral. 
  • Con adelgazamiento: vienen MUY delgados a la clínica. 
  • A consecuencia de la no absorción de nutrientes por esa inflamación, se causa esa delgadez, y a la larga, también una falta de proteínas séricas, que hace que el abdomen se vea hinchado y con líquido en su interior (ascitis).

¿Cómo diagnosticamos una IBD?

Para entender este diagnóstico del IBD es importante que primero entendamos que el diagnóstico diferencial de una diarrea crónica (tanto en perro como en gato) es inmensa. 

Hay causas digestivas, parasitarias, renales, endocrinas, hepáticas, bacterianas, pancreáticas ¡e incluso tumorales!

Por ello, hace tiempo, se estableció un protocolo muy claro que dictamina qué pruebas deben hacerse y en qué orden para descartar posibles causas. Este protocolo está pensado para ir de la prueba menos invasiva a la más invasiva.

  1. Revisar la alimentación a conciencia. ¿No hay nada que le pueda estar sentando mal? En este punto sobre todo buscamos asegurarnos de que no tiene ninguna alergia alimentaria. Si sospechamos que se trata de esto, os pediremos hacer una dieta hipoalergénica ESTRICTA (es decir, pienso hipoalergénico y agua EXCLUSIVAMENTE) durante un mínimo de 8 semanas. 
  2. Si no sospechamos de una alergia alimentaria a veces pasamos directamente al segundo punto que consiste en mandar un análisis coprológico seriado (3 muestras de heces recogidas 3 días consecutivos). Para analizarlas y descartar que no haya ningún parásito campando a sus anchas por el intestino dando problemas. Si encontramos al agente causal se trata de forma específica y ya estaría resuelto el caso. 
  3. Análisis de sangre completo: es importante que se incluya medición de hormonas tiroideas, perfil renal y perfil hepático. Si encontramos la causa de ello detenemos el protocolo aquí. 
  4. Medición de TLI (tripsina inmunorreactiva): esta enzima es especie-específica (hay una para gato y otra para perro) y nos determinará si existe insuficiencia pancreática exocrina. Esta patología es común en el pastor alemán. Se trata proporcionando al cuerpo las enzimas que le faltan al páncreas por producir. Muchas veces se complementa con suplementos de vitaminas. 

Y por último si todo esto nos falla… Entramos a endoscopia y sacamos una biopsia de la región que veamos más afectada del digestivo. La razón de hacerlo es porque la biopsia debe valorarla un patólogo para diferenciar si se trata de una IBD o si es un linfoma digestivo… un cáncer muy agresivo de células de defensa.

Este último paso es muy determinante porque el linfoma y el IBD ¡se tratan de formas muy diferentes! en el caso del linfoma se os recomendará quimioterapia, y en el caso de la IBD se trata con..

Tratamiento del IBD:

  1. Dieta altamente digestible. Baja en grasa y en fibra. A veces se recurre a dietas de proteína hidrolizada para ahorrarle aún más trabajo al intestino. 
  2. Antibióticos para evitar sobrecrecimiento bacteriano secundario. 
  3. Inmunosupresores: la piedra angular del tratamiento. Se suelen poner un mínimo de 3 meses bajando la dosis progresivamente.

En el caso de los perros de raza Bóxer con colitis ulcerosa histiocítica, se ha descrito un nuevo tratamiento que es específico para tratar la patología en esta raza, y no debemos dar los fármacos anteriormente citados si no otro antibiótico más específico durante 75 días. La razón de que esto sea así es porque se ha descubierto que no es el sistema inmunitario quien está detrás de esa enfermedad en los perros de raza boxer, si no un serotipo de E.coli