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Eutanasia

Antes de hablar sobre la muerte os queremos hablar sobre la vida.

Los perros y los gatos cuando nacen, aunque lo hacen con los ojos cerrados, en seguida se desenvuelven para moverse, comer, beber y aprenden muy rápido a hacer sus necesidades allí donde toca.

En pocos meses alcanzan la edad reproductiva y son fértiles antes del año.

Desgraciadamente también se hacen viejitos antes y la mayoría a los 10 años ya tienen síntomas degenerativos como artrosis o ceguera.

La vida de los gatos y los perros es mucho más corta que la nuestra y llega un momento que sabemos que ya no pueden estar más con nosotros.

Cuando queremos mucho a alguien y lo queremos hasta el final, queremos que no sufra en ningún momento.

El trabajo que más nos gusta a los veterinarios es prevenir, tratar y curar enfermedades pero también es responsabilidad nuestra acompañaros en este momento de despedida de sus compañeros y ayudarle en todo lo que podamos.

¿En qué consiste?

La eutanasia es un proceso que nos permite que animales que tienen un sufrimiento que no se puede solucionar o que los procesos degenerativos del cuerpo ya están muy avanzados, mueran de la manera más tranquila y sin dolor.

En el primer momento lo que hacemos es aplicar una sedación que los deja completamente relajados y dormidos. Es un producto similar al que usamos para dormir y preparar un paciente para una operación rutinaria. Solemos aplicarlo subcutáneo o intramuscular. A partir de este momento ellos ya no notan nada.

Finalmente el fármaco que produce la anestesia profunda y la muerte se administra directamente intravenoso con una vía o en algunos casos directamente al corazón. 

Después de unos segundos la respiración se enlentece, también el ritmo cardíaco, hasta que se paran completamente.

La presencia en el momento de la eutanasia 

En la clínica nos encontramos con cuidadores que nos preguntan si es mejor quedarse hasta el final o marchar.

Tenemos que reconocer que es una decisión muy personal pero nosotros podemos aconsejaros en función de cómo estéis anímicamente.

Aunque el procedimiento no es doloroso, en el momento final algunos animales hacen una expiración fuerte y puede parecer que están conscientes aunque no lo están. Esto puede resultar desagradable para algunas personas, por eso antes de empezar, contamos que esto, aunque no es habitual, puede pasar.

Si que es frecuente que, debido a la relajación de los esfínteres después de la muerte, algunos animales se hagan pipi o caca; y también, si no se sabe, puede ser un mal trago.

Por estos dos motivos hay gente que prefiere no quedarse todo el tiempo: están con su compañero hasta después del primer sedante y entonces, cuando ya están tranquilos y dormidos, prefieren no ver el resto.

En cambio hay personas que quieren quedarse y que ya les hemos informado de cómo será el procedimiento. Así que ya saben cómo irá todo y se quedan abrazando o acariciando a su compañero hasta el último momento.

Es completamente respetable cualquiera de las dos opciones, por ello, como os decíamos, nosotros le explicamos todo el proceso, le resolveremos las dudas y le aconsejaremos; pero la decisión final es del cuidador, y haga lo que haga, estará bien.

¿Y después?

Cuando el paciente ya descansa queda decidir si se desea tener un recuerdo de él y hacer la incineración individualizada o no.

Al igual que en la presencia durante la eutanasia, esto es una decisión personal y no implica  que se le quisiera menos o más, simplemente hay personas que quieren guardar un recuerdo físico y necesitan la urna con las cenizas; y otros que no.

Aunque algunas personas deciden enterrarlos en una finca de su propiedad, la legislación no lo permite y por lo tanto hay que tener cuidado con este tema.

La muerte suele ser un tema tabú y complicado de tratar. Con este artículo os queríamos hacer pensar un poco en este tema para ser conscientes de las opciones, hablar en familia y poderlo decidir «con la cabeza fría» cuando aún no es realmente el momento de pensar en ello.

Pero también queremos, como decíamos al principio, que antes de pensar en la muerte, penséis en la vida y en todo lo que deseamos hacer con nuestros gatos o perros; y que ahora, que sí podemos hacerlo, vayamos a darles un abrazo, a sacarles a pasear, a peinarle, y a demostrarles lo mucho que les queremos.